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Cuando todos fallan, Dios todavía te ve.

Sep 7
4 min read

Hay algo que sigo descubriendo mientras leo la Biblia: Dios ve a las mujeres en momentos en que las personas que las rodean no las ven. Y muchas veces, Él interviene cuando quienes debían protegerlas son precisamente quienes fallan.
Estaba leyendo Génesis 19, la historia de Sodoma y Gomorra, cuando algo me hizo detenerme. Una multitud violenta rodeó la casa de Lot, exigiendo que sacara a los hombres que estaban hospedados con él. Y Lot, en una decisión absolutamente dolorosa, llegó al extremo de ofrecer a sus propias hijas a aquella multitud. Y no pude evitar pensar:
¿Cuántas veces las mujeres han quedado en situaciones vulnerables por las decisiones de otras personas?
Entonces recordé a Sara. En Génesis 12, Abraham tuvo miedo. Y debido a ese miedo, Sara terminó siendo llevada a la casa de Faraón. Abraham, el hombre que debía protegerla, tomó una decisión que la puso en una situación extremadamente peligrosa. Pero Dios intervino! Dios protegió a Sara y dejó claro que ella no había sido olvidada. Abraham le falló; Dios no.
Y luego veo algo parecido con las hijas de Lot. Lot tomó una decisión terrible, pero antes de que aquella multitud pudiera hacerles daño, los ángeles intervinieron. Tomaron a Lot, lo metieron dentro de la casa, cerraron la puerta y dejaron a aquellos hombres sin poder ver. Dios no permitió que sucediera lo peor.
Y entonces comencé a entender algo que va mucho más allá de estas dos historias.

A veces, las personas en quienes más confiamos nos fallan.
  • Un esposo puede fallar.
  • Un padre puede fallar.
  • Una madre puede fallar.
  • Una amiga puede fallar.
  • Un pastor puede fallar.
  • Un líder puede fallar.

Alguien que prometió protegernos puede tomar una decisión egoísta, impulsiva, basada en el miedo… o simplemente equivocada. Y cuando eso sucede, podemos preguntarnos: “¿Quién me va a proteger ahora?”
Génesis me sigue dando la misma respuesta: Dios te ve. Él vio lo que pasó, vio lo que se dijo, vio lo que nadie más sabe, vio las lágrimas que escondiste, vio la injusticia que otros ignoraron, vio cuando alguien en quien confiabas tomó una decisión que te lastimó.
Y algunas veces, la protección de Dios no se parece a lo que nosotros imaginábamos. A veces Él nos saca de una situación, cierra una puerta, revela la verdad, nos da la fuerza para alejarnos, coloca a alguien en nuestro camino para ayudarnos; y otras veces, como en las historias de Sara y de Lot, Él interviene de una manera que nosotros jamás hubiéramos podido planear. Pero hay algo importante que debemos recordar: La protección de Dios no significa que nunca vamos a experimentar dolor. Sara tuvo miedo, Agar experimentó rechazo, Lea conoció el dolor de no sentirse amada, y muchas mujeres en las escrituras experimentaron traición, pérdida, injusticia y decepción. Pero sus historias no terminaron con lo que otras personas les hicieron, porque Dios todavía estaba allí.

El Dios que ve, uno de mis ejemplos favoritos es Agar. Fue rechazada, enviada lejos y quedó en el desierto. Y allí, en uno de los momentos más solitarios de su vida, Agar se encontró con Dios.
Y lo llamó: El Roi, “El Dios que me ve.” Me encanta ese nombre, no solamente el Dios que lo sabe todo, no solamente el Dios que tiene todo el poder. Sino el Dios que me ve. Porque algunas veces lo que más necesitamos no es que alguien nos explique todo. Necesitamos saber que Dios lo vio. Él nos vio.

Cuando las personas que amamos toman la decisión equivocada.
Creo que cuando alguien nos lastima existe una tentación muy grande de pensar que Dios también nos abandonó. Pero la Biblia nos muestra algo diferente.
Las personas pueden tomar decisiones terribles, pueden no entendernos, traicionar nuestra confianza, elegir sus propios intereses por encima de nosotros, fallar en protegernos, pero Dios siempre sera fiel.
El fracaso de una persona no se convierte en el fracaso de Dios.
El rechazo de una persona no se convierte en el rechazo de Dios.
La incapacidad de alguien para amarnos correctamente no significa que Dios no nos ame.
Que alguien se aleje de nosotros no significa que Dios se haya alejado.
Y quizás esta sea una de las verdades más reconfortantes que podemos llevar en el corazón:
El fracaso de una persona no cancela la fidelidad de Dios.
Así que si estás atravesando una etapa en la que alguien en quien confiabas te ha decepcionado, recuerda a Sara, recuerda a Agar, recuerda a las hijas de Lot, recuerda a todas esas mujeres cuyas historias nos muestran que Dios estaba mirando, aun cuando las personas a su alrededor no estaban haciendo lo correcto.
Tal vez no entiendes lo que Dios está haciendo en este momento, no entiendes por qué permitió ciertas cosas, no sabes cómo terminará tu historia. Pero hay algo que sí puedes saber: Dios te ve, y cuando todos los demás fallan… Él permanece. Cuando quien debía protegerte falla… Él sigue siendo tu refugio. Cuando tu voz no es escuchada…Él te escucha. Cuando otros te malinterpretan… Él conoce la verdad. Cuando te sientes olvidada… Él se acuerda de ti. Y cuando te preguntas si alguien está luchando por ti… recuerda que nunca has sido invisible para Dios. Él siempre te ve, te conoce, y te ama profundamente. Él no se ha olvidado de ti.

Oracion
Señor Jesús, gracias porque tú nos ves cuando nadie más nos ve.
Gracias porque conoces nuestras lágrimas, nuestras heridas y aquellas cosas que nunca hemos podido explicar con palabras. Cuando las personas en quienes confiamos nos fallan, ayúdanos a recordar que Tú nunca nos abandonas. Cuando alguien que debía protegernos no lo hizo, sé Tú nuestro refugio. Cuando alguien nos rechace, recuérdanos que somos profundamente amadas por Ti. Cuando no entendamos por qué permitiste ciertas cosas, danos la fe para seguir confiando en que Tú sigues obrando.
Señor, sana aquello que otros rompieron. Devuélvenos la paz que perdimos. Danos sabiduría para reconocer las puertas que debemos cerrar y valentía para caminar por las que Tú abras. Y sobre todo, ayúdanos a nunca olvidar que, aun cuando todos fallen, Tú permaneces fiel. Tú nos ves, nos conoces, nos amas y nunca te has olvidado de nosotras.

En el nombre de Jesús. Amén.
 
 
 

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